martes, 10 de septiembre de 2013

1"Meet and Fight"


La música que resonaba hasta las afueras del estadio Santiago Bernabéu, de la ciudad de Madrid, cesó tan rápido como había empezado. En varios minutos, la gente empezó a salir a mares de él, entre gritos, murmullos y llanto, y fueron abandonando la zona, dirigiéndose a bares o a sus casas. Todos, menos aquellos que ese día cumplirían su sueño. Y ese era el caso de las dos chicas que se dirigían presurosas hacia la parte trasera del estadio. Aquella, por donde los futbolistas- o en aquel caso, los componentes de la boy-band del momento; One Direction- entraban y salían.

Blanca, tenía el pelo rubio rozando el castaño, los ojos marrones moteados de verde, y era alta. No había cumplido los diecisiete todavía. Su amiga, Clara, de algo más de diecisiete años, era una chica no muy alta, de pelo castaño que le llegaba por debajo de los hombros, ojos marrones y piel tostada.

Se pararon ante la puerta de la fuerte valla que cercaba la zona, y escrutaron por entre las rejas de hierro pintado de gris. Tras unos minutos de incómoda y aburrida espera, que a Blanca se le hizo eterna, un hombre de aspecto fornido se les acercó.

-Eh- Clara carraspeó, para aclararse la garganta-. Nosotras... veníamos a...

-Sí, ya, ya lo sé. ¿Y las entradas?

Blanca metió la mano en su mochila de tela vaquera, y sacó dos papeles. El hombre los cogió, los estudió con atención, y asintió. Abrió la puerta de la valla, y las dos amigas entraron en el recinto, cruzando una mirada emocionada.

A cada paso, el corazón de Blanca se aceleraba cada vez más. La cabeza le zumbaba y oía las cosas como si fuesen lejanas e irreales. Clara se agarró a su brazo, y la chica recordó la primera vez que había hecho eso. En un concierto, el año pasado.

Blanca había sacado entradas para el pasado tour, pero había tenido que ir con su tía, lo que en un principio la había desilusionado. Pero cuando llegaron allí arriba, a las gradas... vieron que alguien estaba en sus sitios. La chica recordaba todavía a la perfección la garra helada que le había oprimido el corazón. Sus temores se habían basado en ese momento en que su entrada fuese falsa. Pero todo fue bien; Clara- la que le había quitado el sitio por error- y su madre se apartaron, dejando el sitio libre. Lo siguiente había sido el griterío histérico en el recinto; Clara le había dicho que estaba allí Niall Horan, uno de los miembros de la banda, y Blanca había chillado, con el corazón amenazándole con salir por la boca. Pero no había sido él, si no un miembro de otra banda, a la que ambas odiaban. Tras haber estado un buen rato hablando del odio que sentían hacia el joven que había engañado a todo el recinto, Blanca había mirado al escenario, con las luces todavia apagadas... Y allí había visto a Louis Tomlinson, otro de sus ídolos. Estaba bajo una plataforma del escenario, bebiendo algo- seguramente agua-, y la gente no se habia percatado de su presencia. Blanca se lo comunicó sin dudarlo a Clara- a la que todavía no conocía de nada-, y ambas habían empezado a gritar, provocando que el resto del lugar se diera cuenta también.

Cuando la primera canción había empezado a sonar y los cantantes habían salido a escena, Clara la había agarrado del brazo. Primero, Blanca se había sobresaltado, pero luego le había aliviado, porque en ese momento supo que no estaría sola en el concierto.

Estaba sumida en esos pensamientos cuando entraron por la puerta de la zona del backstage. Le costaba incluso respirar por la emoción, y casi creyó que los músculos del corazón se iban a romper de tanto bombear.

-Recuerda Clara, nada de chillar- dijo, aunque la garganta le pedía a gritos poder emitir un chillido. La contuvo, sintiendo un dolor punzante, y se obligó a pensar que no debía, que a sus ídolos les molestaban los chillidos.

-Nada de chillar- asintió su amiga, con voz firme.

Habían llegado a una puerta un poco más grande, y un guardaespaldas las miraba, expectante. Blanca tragó saliva con fuerza.

-¿Podemos pasar?

El hombre asintió.

-Pero conservad la calma, u os obligaremos a salir.

-Lo haremos- dijeron, con una coordinación repentina y perfecta.

Los segundos que tardó la puerta en abrirse se le hicieron eternos a Blanca, que apretaba con fuerza los dientes contra el labio inferior, hasta notar el sabor salobre de la sangre en la boca. Se llevó una mano a los labios para limpiarse, y los dedos se le tiñieron de rojo. Tenía las uñas clavadas en las piernas, y notaba una punzada allí donde la piel se estaba rasgando. Cuando la puerta terminó de abrirse, el corazón se le paró bruscamente.

Allí estaban. Aquellos con los que soñaba cada noche, por los que lloraba y reía cada día. De los que nunca se llegaría a cansar.

Niall estaba recostado contra la pared, sentado en algo que parecía una caja de almacenamiento- probablemente de altavoces-. El pelo rubio estaba peinado hacia arriba, como acostumbraba, con las raíces oscuras a la vista de esa manera que tanto le gustaba a Blanca. Vestía unos pantalones rojos y una camiseta blanca, y tenía una gorra en la mano, a la que daba vueltas con un hábil movimiento de muñeca y dedos.

Harry y Louis estaban sentados en unas sillas, con una sonrisa en la cara; Louis, con su ropa azul y su pelo castaño un poco revuelto, recosado contra el respaldo, y Harry, vestido con pantalones negros, chaleco a cuadros rojos y una cinta en la cabeza, con la barbilla entre las manos.

Zayn y Liam estaban de pie al lado de las sillas. Zayn iba completamente de blanco, lo que resaltaba con su pelo oscuro y sus ojos perfilado. Liam llevaba una camiseta del mismo color que su compañero, pero con un símbolo de la paz pintado en negro en ella. Los pantalones eran vaqueros grises.

Blanca quiso decir algo, saludar, dar las gracias, cualquier cosa. Pero sus vuerdas vocales parecían paralizadas, como si fuesen de piedra. Se maldijo a sí misma en su mente, intentando recordar el discurso que tantas veces había dicho en alto cuando estaba sola. Clara no estab mucho mejor; temblaba como un flan, y articulaba con la boca, aunque sin emitir sonido alguno.

«Oh, así vamos a perderlo todo», pensó Blanca, con la angustia apoderándose de ella.

-Hola- dijo entonces Niall, en tono alegre y animado-. ¿Qué tal todo?

«Mejor que nunca».

-¿Estáis bien?- Liam parecía preocupado, y un brillo protector se detectaba en los ojos.

«¿Bien? Es nuestro hecho realidad»

Harry se levantó con un suspiro.

-Es la emoción, Liam, lo sabes tan bien como yo.

-Al menos estas no gritan- repuso él.

«Vamos, habla, estúpida».

Pero las cuerdas vocales no respondían a las órdenes mentales de Blanca.

-Chicas, no pasa nada. Podéis hablar con nosotros, tranquilas- Liam habló con la suavidad de una nube.

Blanca se aferró a esa palabra, teñida del perfcto tono de Liam, y se la repitió en su cabeza.

-Ho-hola- la voz le salió ronca, pero era un avance.

Niall y Louis cruzaron una mirada divertida.

Liam se acercó, y nos posó una mano en un hombro de cada una.

-¿Os ha gustado el concierto?

-Fue perfecto- Clara había recuperado un poca de compostura, pero su voz sonó débil.

-¿De verdad?- Liam parecía sorprendido y agradecido-. Bueno, me alegra mucho que creáis así.

-Es la verdad- cada palabra que Blanca pronunciaba era como un a cuchillada en la garganta, pero ignoró el dolor, y prosiguió-. Como todo lo que hacéis...

-¿Perfecto?

-Sí. Y... os estamos muy agradecidas- hizo una pausa, tragando saliva, con los músculos tensos del esfuerzo-. Por... por todo lo que habéis hecho y hacéis...

-Y estamos muy orgullosas de vosotros...- añadió Clara, todavía con un hilo de voz.

-Es simplemente... es... imposible explicar todo esto... es, simplemente que vosotros...

Un grito ahogó su voz. Un grito alto, pero no de pánico, si no de advertencia y dolor. Blanca se echó hacia atrás, como si hubiese recibido una patada en el estómago. Había reconocido la voz, a pesar de no haberle oío nunca gritar.

Niall.

Con el corazón dando volteretas en el pecho, Blanca se inclinó para ver qué pasaba, pero Liam se colocó delante, con los brazos formando una barrera. Tenía el rostro serio, muy serio. Nunca le había visto así.

Clara tenía los dedos en la boca, y un hilillo de sangre empezó a bajarle por la mano. Al ver la sangre, Harry, ante ella, le cogió de las muñecas y le mantuvo las manos entre las suyas; dos uñas estaban rotas y los dedos sangraban.

-Oh, burra...

-¿Qué pasa? ¿Por qué no me dejas ver? ¿Por qué ha gritado Niall?- preguntó, con voz temblorosa.

-Iros, las dos, ahora mismo- repuso Harry, con los músculos de los brazos en tensión.

-No.

-Mira...

Pero Clara ya se había escabullido de su agarre, y miró más allá de él. Chilló, y se cubrió el rostro con las manos, cayendo contra la pared.

Al ver la reacción de su amiga, Blanca negó con la cabeza e hizo un rápido movimiento de

cabeza para ver qué pasaba al otro lado de Liam. Lo que vio le heló la sangre en las venas, y el corazón pasó de estar ardiendo a congelarse en unos segundos.

En el suelo, entre las diversas cajas de la estacia estaba Niall, tumbado, con los brazos a los lados, manchados de una sustancia morada y espesa, que humeaba un poco. Tras él, Louis sostenía algo brillante en las manos. Esquivaba golpes y trataba de asestar estocadas con la cosa brillante al ser más horrible que Blanca había visto en su vida.

No medía más de un metro, tenía dos enormes orejas puntiagudas provistas de los que parecían dientes serrados. La cara estaba deforme cambiaba constantemente de forma, como si estuviese hecha de una sustancia gelatinosa. En ella brillaban seis ojos de un color rojo como la sangre fresca. Tenía seis extremidades- dos como pies y cuatro como brazos-, acabadas en punta. Las superiores se estiraban y se recogían, con las puntas girando como un taladro...

-NO- Liam se había vuelto a poner ante la chica, y la agarró firmemente por los hombros, obligándola a retroceder hasta que su espalda tocó la pared. Blanca lo miró, con los ojos desorbitados y la vista desenfocada.

-¿Qué es...?- las palabras surgieron como un susurro apenas audible de su boca, que temblaba.

-Si te lo dijésemos, no nos creerías- intervino Harry, que había aparecido junto a Liam. Blanca sintió una punzada de temor; si Harry no estaba con Clara, entonces ella podía haber...

Giró bruscamente la cabeza, haciendo que los tendones le crujieran, hacia el lugar donde estaba su amiga. La vio con Zayn. El chico le acariciaba la cabeza, y le decía cosas con expresión tranquilizadora, aunque a Clara no parecía aliviarle mucho.

Harry y Liam cruzaron una mirada significativa, que tenía algo que hizo a Blanca estremecerse. ¿Qué estaba pasando allí? Tenía que ser una pesadilla.

-Llévatelas, Liam. Yo me quedaré aquí con Louis y Niall...

Blanca volvió a mirar hacia el lugar donde Niall había estado tumbado. Estaba ahora de pie, con una mancha roja en la sien. Blanca sintió un dolor punzante en el corazón. Su ídolo estaba ahí, con la sien sangrando.

Sintió que se mareaba... y unos brazos la agarraron antes de que pudiera caer al suelo. La alzaron, y la llevaron fuera de allí. Estaba sumida en la oscuridad, en un estado intermedio entre el desmayo y la consciencia.

Oyó voces, pero sonaban como un murmullo apagado, incoherente y lejano.

Poco a poco, a medida que la chica iba recuperándose, y la negrura tornándose más clara, las voces recuperaron la coherencia.

-¡Pero los ha visto, Liam! Tú mismo lo sabes...- estaba diciendo Harry, con la voz tensa y alta.

-Shht- le espetó Liam-. Es demasiado peligrosos. Y ellas no pueden ser...

-En ese caso, ¿cómo explicas que viera al Ordari?

«¿Ordari?».

-Es verdad, Liam. Entiendo que quieras protegerlas... pero si fuesen Infirmors no los habrían visto.

-¿Estás insinuando que son Bellators?- inquirió Liam, con alrama en la voz.

-Hombre, lo que se dice Bellators no, pero sí sus descendientes...

Blanca se incorporó; le pesaba la cabeza, y se sentía confusa. Miró a su alrededor. Estaban en una estancia de especto extraño. Las paredes estaban excavadas en la roca, y en ellas había incrustadas piezas de un metal que brillaba con una luz azul. Apoyados contra las paredes había armarios, llenos de objetos extraños, además de algo que parecían amuletos: anillos y colgantes.

En el centro de la gran sala había unos sillones de terciopelo azul marino, y en el centro una mesa tallada de mármol. One Direction estaba reunido al completo en los asientos. Blanca buscó con la mirada a Niall, recordando de pronto su imagen con la sien ensangrentada. Allí donde había estado la herida la piel había adquirido un extraño brillo metálico, pero nada más.

La chica avanzó un par de pasos, pero sintió que sus piernas flaqueaban, y paró en seco.

-¿Qué he visto? ¿Bellator?

Los cinco chicos se volvieron como movidos por un resorte, y Blanca tuvo que reprimir las gans de chillar, al tener a sus ídolos mirándola. Pero se sentía rara. A pesar de no recordar lo que había pasado y cómo habían herido a Niall- ahora milagrosamente curado-, tenía la sensación de que algo no era normal, de que algo no cuadraba.

-Oh, ya te has despertado- Harry parecía cansado, y un brillo preocupado brillaba en sus ojos verdes. Blanca se fijó en que su pelo estaba más revuelto, y que parecía cubierto de una sustancia morada en algunas zonas. Sus brazos mostraban el brillo metálico de la sien de Niall, lo que mascaba más sus músculos. Blanca reprimió en impulso de ir a abrazarle y apretarse contra él, como siempre había pensado que haría al verle.

-Si te lo explicamos...- empezó a decir Zayn, sentado entre Louis y Niall.

-Zayn, no- cortó Liam.

Entonces Blanca recordó a Clara.

-¿Y Clara? Mi amiga, quiero decir...

-Está bien, no te preocupes. Ella no se desmayó, por suerte. Creo que está en la ducha- contestó Niall.

-¿Qué... qué lugar es este? ¿Qué hacemos aquí?

-Es largo- suspiró Zayn.

Niall se recostó contra el respaldo acolchado del asiento, con las manos cruzadas tras la cabeza.

-¿No recuerdas nada?- Harry parecía más curioso que otra cosa. Ladeó la cabeza, esperando una respuesta.

«¿Qué hay que recordar?».

Entonces Blanca sintió un dolor que parecía venir de dentro de la cabeza, del cerebro. Era un dolor latente, como algo encerrado tratara de salir al exterior.

Y ese algo se liberó, haciendo que las imágenes cruzaran como un torbellino la mente de la chica.

Niall gritando, Liam mirándola más serio que nunca, Niall en el suelo con una sustancia morada encima, Clara chillando y retrocediendo de terror... la criatura. La criatura de las orejas con dientes, y Louis empuñando algo brillante y atacándolo...

-¿Qué era eso? Esa cosa... la, la de las orejas... la- articuló Blanca con voz rota yu débil.

Una expresión de comprensión cruzó el rostro de Harry. Liam había puesto una mueca horrorizada y triste a la vez.

-Liam, hay que explicárselo. El Arey no ha hecho efecto.

-¿Arey... qué?- Blanca estaba desconcertada.

-Un combo de amnesia- explicó Harry con voz neutra.

-¿Combo... qué dices, Harry?

-A Clara tampoco le hizo efecto.

-No entiendo nada...

-Todavía no estás preparada para oír la explicación- repuso Harry, dándole unos toques tranquilizadores en la frente. Blanca se estremeció por el contacto.

-¿Preparada? Necesito saber... esta pesadilla...

-Puede ser de todo- Harry hablaba con voz tranquila y moderada, con las cejas arqueadas-, menos una pesadilla. Y ahora, ve a la ducha, te despejará.

Blanca salió por el único pasillo que partía de la estancia. Estaba iluminado por una luz metálica y de tonos fríos. Menos morado, morado no había en ninguna parte, observó Blanca. Miró por todas las puertas, en busca del baño. La mayoría de las habitaciones eran lo que parecían cuartos. Algunos ocupados y otros con pinta de abandonados. Las duchas las encontró al final de una estancia grande y alargada, que se dividía en sauna y piscina de aguas termales. Una puerta lateral daba a los váteres.

Blanca localizó una toalla limpia colgando de un gancho de piedra blanca, y se dispuso a quitarse la ropa.

Abrió el grifo a tope, y dejó que el agua caliente corriera por su pelo y su cuerpo. Los músculos, que habían estado entumecidos y en tensión hasta ese momento, se relajaron, y hasta la garra que le oprimía por dentro pareció soltarse un poco.

Cuando decidió que era hora de salir, se enrolló con la toalla, y encontró la superficie sorprendentemente suave y cálida al contacto con su piel. Se exprimió el agua del pelo, y lo dividió en dos, haciendo que cayera por delante de sus hombros.

Procedió a secarse, y luego se vistió con la misma ropa. ¿Del día anterior? Tal vez había permanecido incosciente toda la noche.

Se secó mejor el pelo- cosa muy costosa, debido a la cantidad que tenía-, y tras desenredárselo un poco con los dedos, se lo trenzó. Ató la trenza con la goma que llevaba en la muñeca, dejó la toalla de nuevo en su percha, y salió de los baños.

Por el pasillo chocó con alguien y cayó al suelo de culo. Profirió un gitito de sorpresa y dolor, y alzó la cabeza, murmurando un perdón.