Hii guys<3Queridos lectores. Quería avisaros de que, dado que mi novela Living The Dream es la más leída y me cuesta un tanto mantener las cuatro a la vez, voy a esperar a acabar Living The Dream antes de seguir subiendo de esta y las otras. No la voy a abandonar definitivamente, claro, pero sí voy a parar la subida hasta que haya terminado una. Además, veo que nadie comenta, aunque sí hay lectores. Por eso os pido POR FAVOR que si podéis dejarme algun comentario, aunque sea corto. POR FAVOR<3 MIl gracias a todos y perdonad por el incidente.
Beeeesos, Ily guys<3
Blanca Whitie xxx
sábado, 21 de diciembre de 2013
viernes, 15 de noviembre de 2013
2 "Bellators"
Clara la miraba, con los
mechones castaños tapándole la frente y las mejillas pálidas.
Blanca profirió un suspiro cansado y escrutó los ojos de su amiga,
preguntándose si sabría ella el secreto de sus ídolos.
-Ellos- susurró Clara, a
media voz-... oh.
Blanca se levantó,
apoyándose en sus manos, con las palmas sobre el frío suelo, y la
abrazó con fuerza, como si así pudiese despejar el nudo confuso de
su mente.
-¿Qué te han dicho?-
preguntó tras un rato, separándose de Clara.
-Cosas muy raras- repuso
ella.
-¿Puedes decirme todo?
No entiendo nada de lo que está pasando.
Clara clavó sus ojos en
los de ella, y Blanca supo que su amiga estaba igual de desconcertada
y asustada. Cerró los ojos, y la imagen del ser de las orejas
puntiagudas volvió a aparecer tras sus párpados. Boqueó.
-Vamos al cuarto que me
han dado- Clara comenzó a caminar por el pasillo, y Blanca la siguió
en silencio; podía oír sus pasos contra el suelo de piedra y el
zumbido de la sangre en sus oídos.
La habitación a la que
llegaron era bastante amplia, con una cama revuelta en medio, una
cómoda de madera negra contra la pared opuesta y un armario junto a
ella. Un espejo estaba anclado en la pared en frente de la cama.
Clara hizo pasar a su
amiga y luego cerró la puerta.
-Siéntate en la cama, si
quieres- indicó con el índice el mueble.
Blanca se desplomó sobre
el colchón y las sábanas y Clara se sentó junto a ella,
suspirando.
-¿Lo recuerdas? ¿Lo del
backstage?- preguntó Clara tras un rato de turbio silencio.
-Sí- las palabras de
Blanca pesaban y salían con dificultad de sus labios, provocando una
sensación angustiosa en el ambiente-. Lo recuerdo muy bien.
-Pues esa cosa, ese
monstruo... como quieras llamarlo, era un demonio-duende. O eso me
dijeron.
-¿Demonio?
Clara asintió; Blanca
tenía un nudo en la garganta, y el remolino de su mente giraba cada
vez con más fuerza.
-Pero...
-¿Los demonios no
existen? Ibas a decir es, ¿verdad?- Clara sacudió la cabeza.
-Supongo que sí- admitió
la otra, enrollando uno de sus mechones húmedos alrededor del
meñique y mirándolo con detenimiento.
-¿Cómo te explicas esa
cosa? Ya sé que siempre pensamos en criaturas de otros mundos,
diferentes a nosotros como una cosa infantil e irreal. Pero después
de...
-¿Qué más te dijeron?-
cortó Blanca, nerviosa, a la vez que cerraba los dientes sobre el
labio inferior y rompía la piel.
-Que ellos se encargaban
de combatir a los demonios.
Blanca detuvo la lengua,
que había estado limpiando la sangre que manaba del labio y apretó
los puños.
-¿Y toda la carrera de
cantantes?
-Eso quiero saber yo-
Clara miraba al suelo; las piernas le temblaban violentamente.
-No puede ser todo una
cobertura falsa- susurró Blanca, negando bruscamente con la cabeza.
A Liam le daba vueltas la
cabeza, perseguido por remordimientos de culpabilidad. Se sentía mal
por la escena del demonio Odari ante las chicas. Pero sobre todo
estaba confuso y asustado; habían aplicado un combo de amnesia a
ambas, pero no había funcionado. Liam sabía que los Combos como ese
no afectaban a Los Bellators, porque su aura era del mismo elemento
que la fuerza de los Combos, y por lo tanto éstos no podían alterar
su mente.
Esos Combos funcionaban
con los Infirmors- la gente que no poseía la sangre Bellator ni
sabía de su existencia- y se suponía que esas dos fans eran
Infirmors. ¿Por qué recordaban lo ocurrido.
La única respuesta era
una que al joven no le hacía ninguna gracia, aunque sus compañeros
parecían haberlo aceptado-e incluso parecía que les gustaba la
idea, había pensado Liam-.
Pero por mucho que a sus
compañeros les ilusionase aquello, él no quería involucrar a Clara
y a Blanca en su peligroso mundo.
«Tampoco van a irse así
como así. Pedirán respuestas, y hay que dárselas. Forman parte de
nuestra comunidad» había argumentado Harry, cuando Liam había
expresado su opinión al grupo.
Esas chicas eran fans; no
podían cambiar su mundo de forma tan radical. Ya habían estropeado
su sueño: conocerles a ellos. No podían destrozar más su realidad.
Pero, ¿cómo borrar sus
mentes si los Combos no actuaban? Liam cerró las manos en puños y
golpeó la pared con ellos; los nudillos se rasparon contra la
pintura, y la piel dejó paso a unas pequeñas gotas de sangre.
-Liam- dijo una voz
indiferente y femenina. Liam frunció el ceño; tal vez no fuera
indiferente, sino que contenía emoción que su emisor no se permitía
expresar. Se volvió, girando sobre sus talones.
Blanca tenía los ojos
fijos en él, con un brillo inquisitivo. El chico cambió el peso de
su cuerpo de una pierna a otra, incómodo.
-¿Qué piensas? ¿Pasa
algo?- dijo Blanca, con voz queda. Liam ladeó la cabeza-. Sí, pasa
algo, y tiene que ver con nosotras.
-Mira...
-No. Quiero saber qué
demonios está pasando aquí... Yo... yo pensé que vosotros sólo...
Oh...- se le quebró la voz y no pudo seguir hablando. Giró la
cabeza, para que Liam no viera las lágrimas que asomaban a sus ojos,
amenazando con salir de su escondite.
Durante unos instantes
que a Blanca se le antojaron eternos, Liam se quedó en su sitio,
mirando a la chica. Se sentía culpable. Era culpable, y por eso
quería evitar tener que involucrar a ambas en su mundo. No sería
justo.
Blanca sintió el calor
de la mano de él sobre su hombro. Los dedos de Liam se cerraron en
torno a su carne, recorriendo la delicada piel con pequeños
movimientos de los dedos.
El contacto mandaba
sentimientos a la mente de Blanca, que se revolvía cada vez más. En
su cabeza martilleaba aún la idea de que ese chico era su ídolo,
que toda durante mucho tiempo había deseado hablar con él, había
deseado tenerlo cerca. Pero, ahora que lo tenía, no estaba tan
segura de querer estar con él. No, porque ese chico no era lo que
ella había creído que era. Era algo secreto, tenía una identidad
que no le quería confiar del todo. Además, los demonios no
existían, no podían existir. Y, sin embargo, ellos les habían
dicho que se dedicaban a cazarlos. ¿Y si aquellos a los que había
llamado ídolos no eran más que personas con problemas mentales? ¿O
se trataba, simplemente, de un sueño absurdo?
Blanca se llevó la mano
a la pierna, y sus dedos pellizcaron la piel. Una punzada de dolor le
recorrió el resto de su superficie corporal, pero nada más. Alzó
una mano, con la intención de abofetear sus propias mejillas, pero
una mano la detuvo, cuando su palma estaba a un par de centímetros
de su mejilla derecha.
Tomó aire, tratando de
retener las lágrimas, y alzó la cabeza, a la vez que murmuraba:
-¿Por qué...? Liam,
¿por qué?
La última palabra acabó
en un sollozo contenido, y las lagrimas se liberaron, cayendo por su
piel, como gotas de rocío.
Él negó con la cabeza.
Tras un instante de vacilación, atrajo la cabeza de Blanca hacia sí
mismo, apoyando su frente en su pecho, acariciando con los dedos los
mechones que las lágrimas habían humedecido.
Blanca trató de pegarse
más al cuerpo de Liam, escuchando los latidos del corazón de él.
Creía que los oiría
regulares, tranquilos, impasibles.
Pero iban rápido, como
si todo su ser estuviera confuso. Tan confuso como ella.
Negó con la cabeza, y
cerró los ojos, con las lágrimas aún saliendo de ellos.
Minutos más tarde,
cuando la chica ya se había calmado un tanto, volvió a preguntar:
-¿Por qué?
-Por qué, ¿qué?- preguntó él a su vez.
-Por qué, ¿qué?- preguntó él a su vez.
Blanca apretó los
dientes contra la lengua, hasta sentir el sabor salobre de la sangre
en la boca.
-¿Por qué... no
sois...?
-¿Eso es una pregunta a la que debería ser capaz de responder?- repuso Liam.
-¿Eso es una pregunta a la que debería ser capaz de responder?- repuso Liam.
-No lo sé.
-Yo tampoco sé...
-¿No sabes qué?-
inquirió Blanca, apartándose un poco de él, aunque sin mirarlo a
los ojos; no quería volver a llorar.
-No sé si debería
contarte todo de una vez. O tal vez deberíamos alejarnos de
nosotros, haceros olvidar lo que...
-Liam- repuso ella,
seria-. Ya lo vimos. Vimos a esos... bichos. Y oí que Harry dijo que
ya habíais probado a hacernos olvidar lo vivido. Pero no funcionó.
-No funcionó- Liam
parecía agotado de pronto.
-¿Por qué?
-Blanca, oíste lo que es
un Combo, ¿verdad?
-Bueno- dudó, y luego
añadió-: algo que hacéis para...
-Un combo- respondió él,
tomando aire lentamente-. Es una... digamos una acción que
realizamos. Cada Combo produce un efecto distinto. El de Amnesia...
debería hacer olvidar las vivencias de alguien. Aunque no todas;
sólo las que el que aplica el Combo quiere hacer que olvide.
-Pero yo no olvidé nada.
-Funciona con las
personas que no son parte de nuestra comunidad. La gente que no tiene
sangre... especial, como yo, o cualquiera de los otros. Con esos no
hace efecto. Afecta sólo a los Infirmors.
-Infirmors- repitió
ella.
Liam asintió, pesaroso.
-Entonces, Clara y yo no
somos Infirmors. ¿Qué somos?
-No podéis ser
Bellators. No podéis...
-¿Por qué no, Liam?-
cortó ella, con voz más seca de lo que pretendía.
-No... no quiero.
-¡No quieres!- bufó la
chica, sacudiendo la cabeza-. Liam, si somos algo...
-No quiero, porque es
algo serio. Los que somos así, especiales, vivimos en un mundo
diferente, peligroso. Y no quiero poneros en peligro. No puedo
permitirlo. Ya hemos destrozado vuestro día...
-Pero, ¿qué piensas
hacer? Los recuerdos están en mi mente, a buen recaudo. No podéis
borrarlos. Sí somos algo, entonces los somos. Y no se puede cambiar.
¿O piensas hacer una transacción de sangre?- intentó darle
sarcasmo a sus últimas palabras, pero no fue capaz. Cruzó los
brazos ante el pecho.
-Lo sé. Pero no me
parece justo.
-¿Justo? ¿En qué
sentido?
-No es justo para
vosotras, Blanca. No queréis...
-¿Quién dice que no
queremos? No lo sabes. Si soy algo, pues lo seré. No puedes
impedirlo. Somos de vuestra comunidad, y entraremos en ella.
Dio media vuelta,
alejándose por el pasillo a paso irregular.
Liam se quedó mirando su
figura hasta que ésta desapareció en una esquina. Suspiró.
-Es verdad- murmuró para
sí mismo-. Se lo diré al resto.
martes, 10 de septiembre de 2013
1"Meet and Fight"
La
música que resonaba hasta las afueras del estadio Santiago Bernabéu,
de la ciudad de Madrid, cesó tan rápido como había empezado. En
varios minutos, la gente empezó a salir a mares de él, entre
gritos, murmullos y llanto, y fueron abandonando la zona,
dirigiéndose a bares o a sus casas. Todos, menos aquellos que ese
día cumplirían su sueño. Y ese era el caso de las dos chicas que
se dirigían presurosas hacia la parte trasera del estadio. Aquella,
por donde los futbolistas- o en aquel caso, los componentes
de la boy-band del
momento; One Direction-
entraban y salían.
Blanca,
tenía el pelo rubio rozando el castaño, los ojos marrones moteados
de verde, y era alta. No
había cumplido los diecisiete todavía. Su amiga, Clara,
de algo más de diecisiete
años, era una chica no muy
alta, de pelo castaño que le llegaba por debajo de los hombros, ojos
marrones y piel tostada.
Se pararon ante la puerta
de la fuerte valla que cercaba la zona, y escrutaron por entre las
rejas de hierro pintado de gris. Tras unos minutos de incómoda y
aburrida espera, que a Blanca se le hizo eterna, un hombre de aspecto
fornido se les acercó.
-Eh- Clara carraspeó,
para aclararse la garganta-. Nosotras... veníamos a...
-Sí, ya, ya lo sé. ¿Y
las entradas?
Blanca metió la mano en
su mochila de tela vaquera, y sacó dos papeles. El hombre los cogió,
los estudió con atención, y asintió. Abrió la puerta de la valla,
y las dos amigas entraron en el recinto, cruzando una mirada
emocionada.
A cada paso, el corazón
de Blanca se aceleraba cada vez más. La cabeza le zumbaba y oía las
cosas como si fuesen lejanas e irreales. Clara se agarró a su brazo,
y la chica recordó la primera vez que había hecho eso. En un
concierto, el año pasado.
Blanca había sacado
entradas para el pasado tour, pero había tenido que ir con su tía,
lo que en un principio la había desilusionado. Pero cuando llegaron
allí arriba, a las gradas... vieron que alguien estaba en sus
sitios. La chica recordaba todavía a la perfección la garra helada
que le había oprimido el corazón. Sus temores se habían basado en
ese momento en que su entrada fuese falsa. Pero todo fue bien; Clara-
la que le había quitado el sitio por error- y su madre se apartaron,
dejando el sitio libre. Lo siguiente había sido el griterío
histérico en el recinto; Clara le había dicho que estaba allí
Niall Horan, uno de los miembros de la banda, y Blanca había
chillado, con el corazón amenazándole con salir por la boca. Pero
no había sido él, si no un miembro de otra banda, a la que ambas
odiaban. Tras haber estado un buen rato hablando del odio que sentían
hacia el joven que había engañado a todo el recinto, Blanca había
mirado al escenario, con las luces todavia apagadas... Y allí había
visto a Louis Tomlinson, otro de sus ídolos. Estaba bajo una
plataforma del escenario, bebiendo algo- seguramente agua-, y la
gente no se habia percatado de su presencia. Blanca se lo comunicó
sin dudarlo a Clara- a la que todavía no conocía de nada-, y ambas
habían empezado a gritar, provocando que el resto del lugar se diera
cuenta también.
Cuando la primera canción
había empezado a sonar y los cantantes habían salido a escena,
Clara la había agarrado del brazo. Primero, Blanca se había
sobresaltado, pero luego le había aliviado, porque en ese momento
supo que no estaría sola en el concierto.
Estaba sumida en esos
pensamientos cuando entraron por la puerta de la zona del backstage.
Le costaba incluso respirar por la emoción, y casi creyó que los
músculos del corazón se iban a romper de tanto bombear.
-Recuerda Clara, nada de
chillar- dijo, aunque la garganta le pedía a gritos poder emitir un
chillido. La contuvo, sintiendo un dolor punzante, y se obligó a
pensar que no debía, que a sus ídolos les molestaban los chillidos.
-Nada de chillar- asintió
su amiga, con voz firme.
Habían llegado a una
puerta un poco más grande, y un guardaespaldas las miraba,
expectante. Blanca tragó saliva con fuerza.
-¿Podemos pasar?
El hombre asintió.
-Pero conservad la calma,
u os obligaremos a salir.
-Lo haremos- dijeron, con
una coordinación repentina y perfecta.
Los segundos que tardó
la puerta en abrirse se le hicieron eternos a Blanca, que apretaba
con fuerza los dientes contra el labio inferior, hasta notar el sabor
salobre de la sangre en la boca. Se llevó una mano a los labios para
limpiarse, y los dedos se le tiñieron de rojo. Tenía las uñas
clavadas en las piernas, y notaba una punzada allí donde la piel se
estaba rasgando. Cuando la puerta terminó de abrirse, el corazón se
le paró bruscamente.
Allí estaban. Aquellos
con los que soñaba cada noche, por los que lloraba y reía cada día.
De los que nunca se llegaría a cansar.
Niall estaba recostado
contra la pared, sentado en algo que parecía una caja de
almacenamiento- probablemente de altavoces-. El pelo rubio estaba
peinado hacia arriba, como acostumbraba, con las raíces oscuras a la
vista de esa manera que tanto le gustaba a Blanca. Vestía unos
pantalones rojos y una camiseta blanca, y tenía una gorra en la
mano, a la que daba vueltas con un hábil movimiento de muñeca y
dedos.
Harry y Louis estaban
sentados en unas sillas, con una sonrisa en la cara; Louis, con su
ropa azul y su pelo castaño un poco revuelto, recosado contra el
respaldo, y Harry, vestido con pantalones negros, chaleco a cuadros
rojos y una cinta en la cabeza, con la barbilla entre las manos.
Zayn y Liam estaban de
pie al lado de las sillas. Zayn iba completamente de blanco, lo que
resaltaba con su pelo oscuro y sus ojos perfilado. Liam llevaba una
camiseta del mismo color que su compañero, pero con un símbolo de
la paz pintado en negro en ella. Los pantalones eran vaqueros grises.
Blanca quiso decir algo,
saludar, dar las gracias, cualquier cosa. Pero sus vuerdas vocales
parecían paralizadas, como si fuesen de piedra. Se maldijo a sí
misma en su mente, intentando recordar el discurso que tantas veces
había dicho en alto cuando estaba sola. Clara no estab mucho mejor;
temblaba como un flan, y articulaba con la boca, aunque sin emitir
sonido alguno.
«Oh,
así vamos a perderlo todo»,
pensó Blanca, con la angustia apoderándose de ella.
-Hola- dijo entonces
Niall, en tono alegre y animado-. ¿Qué tal todo?
«Mejor
que nunca».
-¿Estáis bien?- Liam
parecía preocupado, y un brillo protector se detectaba en los ojos.
«¿Bien? Es nuestro
hecho realidad»
Harry se levantó con un
suspiro.
-Es la emoción, Liam, lo
sabes tan bien como yo.
-Al menos estas no
gritan- repuso él.
«Vamos,
habla, estúpida».
Pero las cuerdas vocales
no respondían a las órdenes mentales de Blanca.
-Chicas, no pasa nada.
Podéis hablar con nosotros, tranquilas- Liam habló con la suavidad
de una nube.
Blanca se aferró a esa
palabra, teñida del perfcto tono de Liam, y se la repitió en su
cabeza.
-Ho-hola- la voz le salió
ronca, pero era un avance.
Niall y Louis cruzaron
una mirada divertida.
Liam se acercó, y nos
posó una mano en un hombro de cada una.
-¿Os ha gustado el
concierto?
-Fue perfecto- Clara
había recuperado un poca de compostura, pero su voz sonó débil.
-¿De verdad?- Liam
parecía sorprendido y agradecido-. Bueno, me alegra mucho que creáis
así.
-Es la verdad- cada
palabra que Blanca pronunciaba era como un a cuchillada en la
garganta, pero ignoró el dolor, y prosiguió-. Como todo lo que
hacéis...
-¿Perfecto?
-Sí. Y... os estamos muy
agradecidas- hizo una pausa, tragando saliva, con los músculos
tensos del esfuerzo-. Por... por todo lo que habéis hecho y
hacéis...
-Y estamos muy orgullosas
de vosotros...- añadió Clara, todavía con un hilo de voz.
-Es simplemente... es...
imposible explicar todo esto... es, simplemente que vosotros...
Un grito ahogó su voz.
Un grito alto, pero no de pánico, si no de advertencia y dolor.
Blanca se echó hacia atrás, como si hubiese recibido una patada en
el estómago. Había reconocido la voz, a pesar de no haberle oío
nunca gritar.
Niall.
Con el corazón dando
volteretas en el pecho, Blanca se inclinó para ver qué pasaba, pero
Liam se colocó delante, con los brazos formando una barrera. Tenía
el rostro serio, muy serio. Nunca le había visto así.
Clara tenía los dedos en
la boca, y un hilillo de sangre empezó a bajarle por la mano. Al ver
la sangre, Harry, ante ella, le cogió de las muñecas y le mantuvo
las manos entre las suyas; dos uñas estaban rotas y los dedos
sangraban.
-Oh, burra...
-¿Qué pasa? ¿Por qué
no me dejas ver? ¿Por qué ha gritado Niall?- preguntó, con voz
temblorosa.
-Iros, las dos, ahora
mismo- repuso Harry, con los músculos de los brazos en tensión.
-No.
-Mira...
Pero Clara ya se había
escabullido de su agarre, y miró más allá de él. Chilló, y se
cubrió el rostro con las manos, cayendo contra la pared.
Al ver la reacción de su
amiga, Blanca negó con la cabeza e hizo un rápido movimiento de
cabeza para ver qué
pasaba al otro lado de Liam. Lo que vio le heló la sangre en las
venas, y el corazón pasó de estar ardiendo a congelarse en unos
segundos.
En el suelo, entre las
diversas cajas de la estacia estaba Niall, tumbado, con los brazos a
los lados, manchados de una sustancia morada y espesa, que humeaba un
poco. Tras él, Louis sostenía algo brillante en las manos.
Esquivaba golpes y trataba de asestar estocadas con la cosa brillante
al ser más horrible que Blanca había visto en su vida.
No
medía más de un metro, tenía dos enormes orejas puntiagudas
provistas de los que parecían dientes serrados. La
cara estaba deforme cambiaba constantemente de forma, como si
estuviese hecha de una sustancia gelatinosa. En ella brillaban seis
ojos de un color rojo como la sangre fresca. Tenía seis
extremidades- dos como pies y cuatro como brazos-, acabadas en punta.
Las superiores se estiraban y se recogían, con las puntas girando
como un taladro...
-NO- Liam se había
vuelto a poner ante la chica, y la agarró firmemente por los
hombros, obligándola a retroceder hasta que su espalda tocó la
pared. Blanca lo miró, con los ojos desorbitados y la vista
desenfocada.
-¿Qué es...?- las
palabras surgieron como un susurro apenas audible de su boca, que
temblaba.
-Si
te lo dijésemos, no nos creerías- intervino Harry, que había
aparecido junto a Liam. Blanca sintió una punzada de temor; si Harry
no estaba con Clara, entonces ella podía haber...
Giró bruscamente la
cabeza, haciendo que los tendones le crujieran, hacia el lugar donde
estaba su amiga. La vio con Zayn. El chico le acariciaba la cabeza, y
le decía cosas con expresión tranquilizadora, aunque a Clara no
parecía aliviarle mucho.
Harry y Liam cruzaron una
mirada significativa, que tenía algo que hizo a Blanca estremecerse.
¿Qué estaba pasando allí? Tenía que ser una pesadilla.
-Llévatelas, Liam. Yo me
quedaré aquí con Louis y Niall...
Blanca volvió a mirar
hacia el lugar donde Niall había estado tumbado. Estaba ahora de
pie, con una mancha roja en la sien. Blanca sintió un dolor punzante
en el corazón. Su ídolo estaba ahí, con la sien sangrando.
Sintió que se mareaba...
y unos brazos la agarraron antes de que pudiera caer al suelo. La
alzaron, y la llevaron fuera de allí. Estaba sumida en la oscuridad,
en un estado intermedio entre el desmayo y la consciencia.
Oyó voces, pero sonaban
como un murmullo apagado, incoherente y lejano.
Poco a poco, a medida que
la chica iba recuperándose, y la negrura tornándose más clara, las
voces recuperaron la coherencia.
-¡Pero los ha visto,
Liam! Tú mismo lo sabes...- estaba diciendo Harry, con la voz tensa
y alta.
-Shht- le espetó Liam-.
Es demasiado peligrosos. Y ellas no pueden ser...
-En ese caso, ¿cómo
explicas que viera al Ordari?
«¿Ordari?».
-Es
verdad, Liam. Entiendo que quieras protegerlas... pero si fuesen
Infirmors no los habrían
visto.
-¿Estás insinuando que
son Bellators?- inquirió Liam, con alrama en la voz.
-Hombre, lo que se dice
Bellators no, pero sí sus descendientes...
Blanca se incorporó; le
pesaba la cabeza, y se sentía confusa. Miró a su alrededor. Estaban
en una estancia de especto extraño. Las paredes estaban excavadas en
la roca, y en ellas había incrustadas piezas de un metal que
brillaba con una luz azul. Apoyados contra las paredes había
armarios, llenos de objetos extraños, además de algo que parecían
amuletos: anillos y colgantes.
En
el centro de la gran sala había unos sillones de terciopelo azul
marino, y en el centro una mesa tallada de mármol. One
Direction estaba reunido al
completo en los asientos. Blanca buscó con la mirada a Niall,
recordando de pronto su imagen con la sien ensangrentada. Allí donde
había estado la herida la piel había adquirido un extraño brillo
metálico, pero nada más.
La chica avanzó un par
de pasos, pero sintió que sus piernas flaqueaban, y paró en seco.
-¿Qué he visto?
¿Bellator?
Los cinco chicos se
volvieron como movidos por un resorte, y Blanca tuvo que reprimir las
gans de chillar, al tener a sus ídolos mirándola. Pero se sentía
rara. A pesar de no recordar lo que había pasado y cómo habían
herido a Niall- ahora milagrosamente curado-, tenía la sensación de
que algo no era normal, de que algo no cuadraba.
-Oh,
ya te has despertado- Harry parecía cansado, y un brillo preocupado
brillaba en sus ojos verdes. Blanca se fijó en que su pelo estaba
más revuelto, y que parecía cubierto de una sustancia morada en
algunas zonas. Sus brazos mostraban el brillo metálico de la sien de
Niall, lo que mascaba más sus músculos. Blanca reprimió en impulso
de ir a abrazarle y apretarse contra él, como siempre había pensado
que haría al verle.
-Si te lo explicamos...-
empezó a decir Zayn, sentado entre Louis y Niall.
-Zayn, no- cortó Liam.
Entonces Blanca recordó
a Clara.
-¿Y Clara? Mi amiga,
quiero decir...
-Está bien, no te
preocupes. Ella no se desmayó, por suerte. Creo que está en la
ducha- contestó Niall.
-¿Qué... qué lugar es
este? ¿Qué hacemos aquí?
-Es largo- suspiró Zayn.
Niall se recostó contra
el respaldo acolchado del asiento, con las manos cruzadas tras la
cabeza.
-¿No recuerdas nada?-
Harry parecía más curioso que otra cosa. Ladeó la cabeza,
esperando una respuesta.
«¿Qué hay que
recordar?».
Entonces Blanca sintió
un dolor que parecía venir de dentro de la cabeza, del cerebro. Era
un dolor latente, como algo encerrado tratara de salir al exterior.
Y
ese algo se liberó, haciendo que las imágenes cruzaran como un
torbellino la mente de la chica.
Niall gritando, Liam
mirándola más serio que nunca, Niall en el suelo con una sustancia
morada encima, Clara chillando y retrocediendo de terror... la
criatura. La criatura de las orejas con dientes, y Louis empuñando
algo brillante y atacándolo...
-¿Qué
era eso? Esa cosa... la, la de las orejas... la- articuló Blanca con
voz rota yu débil.
Una expresión de
comprensión cruzó el rostro de Harry. Liam había puesto una mueca
horrorizada y triste a la vez.
-Liam, hay que
explicárselo. El Arey no ha hecho efecto.
-¿Arey... qué?- Blanca
estaba desconcertada.
-Un combo de amnesia-
explicó Harry con voz neutra.
-¿Combo... qué dices,
Harry?
-A Clara tampoco le hizo
efecto.
-No entiendo nada...
-Todavía no estás
preparada para oír la explicación- repuso Harry, dándole unos
toques tranquilizadores en la frente. Blanca se estremeció por el
contacto.
-¿Preparada? Necesito
saber... esta pesadilla...
-Puede ser de todo- Harry
hablaba con voz tranquila y moderada, con las cejas arqueadas-, menos
una pesadilla. Y ahora, ve a la ducha, te despejará.
Blanca salió por el
único pasillo que partía de la estancia. Estaba iluminado por una
luz metálica y de tonos fríos. Menos morado, morado no había en
ninguna parte, observó Blanca. Miró por todas las puertas, en busca
del baño. La mayoría de las habitaciones eran lo que parecían
cuartos. Algunos ocupados y otros con pinta de abandonados. Las
duchas las encontró al final de una estancia grande y alargada, que
se dividía en sauna y piscina de aguas termales. Una puerta lateral
daba a los váteres.
Blanca localizó una
toalla limpia colgando de un gancho de piedra blanca, y se dispuso a
quitarse la ropa.
Abrió el grifo a tope, y
dejó que el agua caliente corriera por su pelo y su cuerpo. Los
músculos, que habían estado entumecidos y en tensión hasta ese
momento, se relajaron, y hasta la garra que le oprimía por dentro
pareció soltarse un poco.
Cuando decidió que era
hora de salir, se enrolló con la toalla, y encontró la superficie
sorprendentemente suave y cálida al contacto con su piel. Se
exprimió el agua del pelo, y lo dividió en dos, haciendo que cayera
por delante de sus hombros.
Procedió
a secarse, y luego se vistió con la misma ropa. ¿Del día anterior?
Tal vez había permanecido incosciente toda la noche.
Se secó mejor el pelo-
cosa muy costosa, debido a la cantidad que tenía-, y tras
desenredárselo un poco con los dedos, se lo trenzó. Ató la trenza
con la goma que llevaba en la muñeca, dejó la toalla de nuevo en
su percha, y salió de los baños.
Por el pasillo chocó con
alguien y cayó al suelo de culo. Profirió un gitito de sorpresa y
dolor, y alzó la cabeza, murmurando un perdón.
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