viernes, 15 de noviembre de 2013

2 "Bellators"

Clara la miraba, con los mechones castaños tapándole la frente y las mejillas pálidas. Blanca profirió un suspiro cansado y escrutó los ojos de su amiga, preguntándose si sabría ella el secreto de sus ídolos.
-Ellos- susurró Clara, a media voz-... oh.
Blanca se levantó, apoyándose en sus manos, con las palmas sobre el frío suelo, y la abrazó con fuerza, como si así pudiese despejar el nudo confuso de su mente.
-¿Qué te han dicho?- preguntó tras un rato, separándose de Clara.
-Cosas muy raras- repuso ella.
-¿Puedes decirme todo? No entiendo nada de lo que está pasando.
Clara clavó sus ojos en los de ella, y Blanca supo que su amiga estaba igual de desconcertada y asustada. Cerró los ojos, y la imagen del ser de las orejas puntiagudas volvió a aparecer tras sus párpados. Boqueó.
-Vamos al cuarto que me han dado- Clara comenzó a caminar por el pasillo, y Blanca la siguió en silencio; podía oír sus pasos contra el suelo de piedra y el zumbido de la sangre en sus oídos.
La habitación a la que llegaron era bastante amplia, con una cama revuelta en medio, una cómoda de madera negra contra la pared opuesta y un armario junto a ella. Un espejo estaba anclado en la pared en frente de la cama.
Clara hizo pasar a su amiga y luego cerró la puerta.
-Siéntate en la cama, si quieres- indicó con el índice el mueble.
Blanca se desplomó sobre el colchón y las sábanas y Clara se sentó junto a ella, suspirando.
-¿Lo recuerdas? ¿Lo del backstage?- preguntó Clara tras un rato de turbio silencio.
-Sí- las palabras de Blanca pesaban y salían con dificultad de sus labios, provocando una sensación angustiosa en el ambiente-. Lo recuerdo muy bien.
-Pues esa cosa, ese monstruo... como quieras llamarlo, era un demonio-duende. O eso me dijeron.
-¿Demonio?
Clara asintió; Blanca tenía un nudo en la garganta, y el remolino de su mente giraba cada vez con más fuerza.
-Pero...
-¿Los demonios no existen? Ibas a decir es, ¿verdad?- Clara sacudió la cabeza.
-Supongo que sí- admitió la otra, enrollando uno de sus mechones húmedos alrededor del meñique y mirándolo con detenimiento.
-¿Cómo te explicas esa cosa? Ya sé que siempre pensamos en criaturas de otros mundos, diferentes a nosotros como una cosa infantil e irreal. Pero después de...
-¿Qué más te dijeron?- cortó Blanca, nerviosa, a la vez que cerraba los dientes sobre el labio inferior y rompía la piel.
-Que ellos se encargaban de combatir a los demonios.
Blanca detuvo la lengua, que había estado limpiando la sangre que manaba del labio y apretó los puños.
-¿Y toda la carrera de cantantes?
-Eso quiero saber yo- Clara miraba al suelo; las piernas le temblaban violentamente.
-No puede ser todo una cobertura falsa- susurró Blanca, negando bruscamente con la cabeza.

A Liam le daba vueltas la cabeza, perseguido por remordimientos de culpabilidad. Se sentía mal por la escena del demonio Odari ante las chicas. Pero sobre todo estaba confuso y asustado; habían aplicado un combo de amnesia a ambas, pero no había funcionado. Liam sabía que los Combos como ese no afectaban a Los Bellators, porque su aura era del mismo elemento que la fuerza de los Combos, y por lo tanto éstos no podían alterar su mente.
Esos Combos funcionaban con los Infirmors- la gente que no poseía la sangre Bellator ni sabía de su existencia- y se suponía que esas dos fans eran Infirmors. ¿Por qué recordaban lo ocurrido.
La única respuesta era una que al joven no le hacía ninguna gracia, aunque sus compañeros parecían haberlo aceptado-e incluso parecía que les gustaba la idea, había pensado Liam-.
Pero por mucho que a sus compañeros les ilusionase aquello, él no quería involucrar a Clara y a Blanca en su peligroso mundo.
«Tampoco van a irse así como así. Pedirán respuestas, y hay que dárselas. Forman parte de nuestra comunidad» había argumentado Harry, cuando Liam había expresado su opinión al grupo.
Esas chicas eran fans; no podían cambiar su mundo de forma tan radical. Ya habían estropeado su sueño: conocerles a ellos. No podían destrozar más su realidad.
Pero, ¿cómo borrar sus mentes si los Combos no actuaban? Liam cerró las manos en puños y golpeó la pared con ellos; los nudillos se rasparon contra la pintura, y la piel dejó paso a unas pequeñas gotas de sangre.
-Liam- dijo una voz indiferente y femenina. Liam frunció el ceño; tal vez no fuera indiferente, sino que contenía emoción que su emisor no se permitía expresar. Se volvió, girando sobre sus talones.
Blanca tenía los ojos fijos en él, con un brillo inquisitivo. El chico cambió el peso de su cuerpo de una pierna a otra, incómodo.
-¿Qué piensas? ¿Pasa algo?- dijo Blanca, con voz queda. Liam ladeó la cabeza-. Sí, pasa algo, y tiene que ver con nosotras.
-Mira...
-No. Quiero saber qué demonios está pasando aquí... Yo... yo pensé que vosotros sólo... Oh...- se le quebró la voz y no pudo seguir hablando. Giró la cabeza, para que Liam no viera las lágrimas que asomaban a sus ojos, amenazando con salir de su escondite.
Durante unos instantes que a Blanca se le antojaron eternos, Liam se quedó en su sitio, mirando a la chica. Se sentía culpable. Era culpable, y por eso quería evitar tener que involucrar a ambas en su mundo. No sería justo.
Blanca sintió el calor de la mano de él sobre su hombro. Los dedos de Liam se cerraron en torno a su carne, recorriendo la delicada piel con pequeños movimientos de los dedos.
El contacto mandaba sentimientos a la mente de Blanca, que se revolvía cada vez más. En su cabeza martilleaba aún la idea de que ese chico era su ídolo, que toda durante mucho tiempo había deseado hablar con él, había deseado tenerlo cerca. Pero, ahora que lo tenía, no estaba tan segura de querer estar con él. No, porque ese chico no era lo que ella había creído que era. Era algo secreto, tenía una identidad que no le quería confiar del todo. Además, los demonios no existían, no podían existir. Y, sin embargo, ellos les habían dicho que se dedicaban a cazarlos. ¿Y si aquellos a los que había llamado ídolos no eran más que personas con problemas mentales? ¿O se trataba, simplemente, de un sueño absurdo?
Blanca se llevó la mano a la pierna, y sus dedos pellizcaron la piel. Una punzada de dolor le recorrió el resto de su superficie corporal, pero nada más. Alzó una mano, con la intención de abofetear sus propias mejillas, pero una mano la detuvo, cuando su palma estaba a un par de centímetros de su mejilla derecha.
Tomó aire, tratando de retener las lágrimas, y alzó la cabeza, a la vez que murmuraba:
-¿Por qué...? Liam, ¿por qué?
La última palabra acabó en un sollozo contenido, y las lagrimas se liberaron, cayendo por su piel, como gotas de rocío.
Él negó con la cabeza. Tras un instante de vacilación, atrajo la cabeza de Blanca hacia sí mismo, apoyando su frente en su pecho, acariciando con los dedos los mechones que las lágrimas habían humedecido.
Blanca trató de pegarse más al cuerpo de Liam, escuchando los latidos del corazón de él.
Creía que los oiría regulares, tranquilos, impasibles.
Pero iban rápido, como si todo su ser estuviera confuso. Tan confuso como ella.
Negó con la cabeza, y cerró los ojos, con las lágrimas aún saliendo de ellos.
Minutos más tarde, cuando la chica ya se había calmado un tanto, volvió a preguntar:
-¿Por qué?
-Por qué, ¿qué?- preguntó él a su vez.
Blanca apretó los dientes contra la lengua, hasta sentir el sabor salobre de la sangre en la boca.
-¿Por qué... no sois...?
-¿Eso es una pregunta a la que debería ser capaz de responder?- repuso Liam.
-No lo sé.
-Yo tampoco sé...
-¿No sabes qué?- inquirió Blanca, apartándose un poco de él, aunque sin mirarlo a los ojos; no quería volver a llorar.
-No sé si debería contarte todo de una vez. O tal vez deberíamos alejarnos de nosotros, haceros olvidar lo que...
-Liam- repuso ella, seria-. Ya lo vimos. Vimos a esos... bichos. Y oí que Harry dijo que ya habíais probado a hacernos olvidar lo vivido. Pero no funcionó.
-No funcionó- Liam parecía agotado de pronto.
-¿Por qué?
-Blanca, oíste lo que es un Combo, ¿verdad?
-Bueno- dudó, y luego añadió-: algo que hacéis para...
-Un combo- respondió él, tomando aire lentamente-. Es una... digamos una acción que realizamos. Cada Combo produce un efecto distinto. El de Amnesia... debería hacer olvidar las vivencias de alguien. Aunque no todas; sólo las que el que aplica el Combo quiere hacer que olvide.
-Pero yo no olvidé nada.
-Funciona con las personas que no son parte de nuestra comunidad. La gente que no tiene sangre... especial, como yo, o cualquiera de los otros. Con esos no hace efecto. Afecta sólo a los Infirmors.
-Infirmors- repitió ella.
Liam asintió, pesaroso.
-Entonces, Clara y yo no somos Infirmors. ¿Qué somos?
-No podéis ser Bellators. No podéis...
-¿Por qué no, Liam?- cortó ella, con voz más seca de lo que pretendía.
-No... no quiero.
-¡No quieres!- bufó la chica, sacudiendo la cabeza-. Liam, si somos algo...
-No quiero, porque es algo serio. Los que somos así, especiales, vivimos en un mundo diferente, peligroso. Y no quiero poneros en peligro. No puedo permitirlo. Ya hemos destrozado vuestro día...
-Pero, ¿qué piensas hacer? Los recuerdos están en mi mente, a buen recaudo. No podéis borrarlos. Sí somos algo, entonces los somos. Y no se puede cambiar. ¿O piensas hacer una transacción de sangre?- intentó darle sarcasmo a sus últimas palabras, pero no fue capaz. Cruzó los brazos ante el pecho.
-Lo sé. Pero no me parece justo.
-¿Justo? ¿En qué sentido?
-No es justo para vosotras, Blanca. No queréis...
-¿Quién dice que no queremos? No lo sabes. Si soy algo, pues lo seré. No puedes impedirlo. Somos de vuestra comunidad, y entraremos en ella.
Dio media vuelta, alejándose por el pasillo a paso irregular.
Liam se quedó mirando su figura hasta que ésta desapareció en una esquina. Suspiró.
-Es verdad- murmuró para sí mismo-. Se lo diré al resto.








No hay comentarios:

Publicar un comentario