Clara la miraba, con los
mechones castaños tapándole la frente y las mejillas pálidas.
Blanca profirió un suspiro cansado y escrutó los ojos de su amiga,
preguntándose si sabría ella el secreto de sus ídolos.
-Ellos- susurró Clara, a
media voz-... oh.
Blanca se levantó,
apoyándose en sus manos, con las palmas sobre el frío suelo, y la
abrazó con fuerza, como si así pudiese despejar el nudo confuso de
su mente.
-¿Qué te han dicho?-
preguntó tras un rato, separándose de Clara.
-Cosas muy raras- repuso
ella.
-¿Puedes decirme todo?
No entiendo nada de lo que está pasando.
Clara clavó sus ojos en
los de ella, y Blanca supo que su amiga estaba igual de desconcertada
y asustada. Cerró los ojos, y la imagen del ser de las orejas
puntiagudas volvió a aparecer tras sus párpados. Boqueó.
-Vamos al cuarto que me
han dado- Clara comenzó a caminar por el pasillo, y Blanca la siguió
en silencio; podía oír sus pasos contra el suelo de piedra y el
zumbido de la sangre en sus oídos.
La habitación a la que
llegaron era bastante amplia, con una cama revuelta en medio, una
cómoda de madera negra contra la pared opuesta y un armario junto a
ella. Un espejo estaba anclado en la pared en frente de la cama.
Clara hizo pasar a su
amiga y luego cerró la puerta.
-Siéntate en la cama, si
quieres- indicó con el índice el mueble.
Blanca se desplomó sobre
el colchón y las sábanas y Clara se sentó junto a ella,
suspirando.
-¿Lo recuerdas? ¿Lo del
backstage?- preguntó Clara tras un rato de turbio silencio.
-Sí- las palabras de
Blanca pesaban y salían con dificultad de sus labios, provocando una
sensación angustiosa en el ambiente-. Lo recuerdo muy bien.
-Pues esa cosa, ese
monstruo... como quieras llamarlo, era un demonio-duende. O eso me
dijeron.
-¿Demonio?
Clara asintió; Blanca
tenía un nudo en la garganta, y el remolino de su mente giraba cada
vez con más fuerza.
-Pero...
-¿Los demonios no
existen? Ibas a decir es, ¿verdad?- Clara sacudió la cabeza.
-Supongo que sí- admitió
la otra, enrollando uno de sus mechones húmedos alrededor del
meñique y mirándolo con detenimiento.
-¿Cómo te explicas esa
cosa? Ya sé que siempre pensamos en criaturas de otros mundos,
diferentes a nosotros como una cosa infantil e irreal. Pero después
de...
-¿Qué más te dijeron?-
cortó Blanca, nerviosa, a la vez que cerraba los dientes sobre el
labio inferior y rompía la piel.
-Que ellos se encargaban
de combatir a los demonios.
Blanca detuvo la lengua,
que había estado limpiando la sangre que manaba del labio y apretó
los puños.
-¿Y toda la carrera de
cantantes?
-Eso quiero saber yo-
Clara miraba al suelo; las piernas le temblaban violentamente.
-No puede ser todo una
cobertura falsa- susurró Blanca, negando bruscamente con la cabeza.
A Liam le daba vueltas la
cabeza, perseguido por remordimientos de culpabilidad. Se sentía mal
por la escena del demonio Odari ante las chicas. Pero sobre todo
estaba confuso y asustado; habían aplicado un combo de amnesia a
ambas, pero no había funcionado. Liam sabía que los Combos como ese
no afectaban a Los Bellators, porque su aura era del mismo elemento
que la fuerza de los Combos, y por lo tanto éstos no podían alterar
su mente.
Esos Combos funcionaban
con los Infirmors- la gente que no poseía la sangre Bellator ni
sabía de su existencia- y se suponía que esas dos fans eran
Infirmors. ¿Por qué recordaban lo ocurrido.
La única respuesta era
una que al joven no le hacía ninguna gracia, aunque sus compañeros
parecían haberlo aceptado-e incluso parecía que les gustaba la
idea, había pensado Liam-.
Pero por mucho que a sus
compañeros les ilusionase aquello, él no quería involucrar a Clara
y a Blanca en su peligroso mundo.
«Tampoco van a irse así
como así. Pedirán respuestas, y hay que dárselas. Forman parte de
nuestra comunidad» había argumentado Harry, cuando Liam había
expresado su opinión al grupo.
Esas chicas eran fans; no
podían cambiar su mundo de forma tan radical. Ya habían estropeado
su sueño: conocerles a ellos. No podían destrozar más su realidad.
Pero, ¿cómo borrar sus
mentes si los Combos no actuaban? Liam cerró las manos en puños y
golpeó la pared con ellos; los nudillos se rasparon contra la
pintura, y la piel dejó paso a unas pequeñas gotas de sangre.
-Liam- dijo una voz
indiferente y femenina. Liam frunció el ceño; tal vez no fuera
indiferente, sino que contenía emoción que su emisor no se permitía
expresar. Se volvió, girando sobre sus talones.
Blanca tenía los ojos
fijos en él, con un brillo inquisitivo. El chico cambió el peso de
su cuerpo de una pierna a otra, incómodo.
-¿Qué piensas? ¿Pasa
algo?- dijo Blanca, con voz queda. Liam ladeó la cabeza-. Sí, pasa
algo, y tiene que ver con nosotras.
-Mira...
-No. Quiero saber qué
demonios está pasando aquí... Yo... yo pensé que vosotros sólo...
Oh...- se le quebró la voz y no pudo seguir hablando. Giró la
cabeza, para que Liam no viera las lágrimas que asomaban a sus ojos,
amenazando con salir de su escondite.
Durante unos instantes
que a Blanca se le antojaron eternos, Liam se quedó en su sitio,
mirando a la chica. Se sentía culpable. Era culpable, y por eso
quería evitar tener que involucrar a ambas en su mundo. No sería
justo.
Blanca sintió el calor
de la mano de él sobre su hombro. Los dedos de Liam se cerraron en
torno a su carne, recorriendo la delicada piel con pequeños
movimientos de los dedos.
El contacto mandaba
sentimientos a la mente de Blanca, que se revolvía cada vez más. En
su cabeza martilleaba aún la idea de que ese chico era su ídolo,
que toda durante mucho tiempo había deseado hablar con él, había
deseado tenerlo cerca. Pero, ahora que lo tenía, no estaba tan
segura de querer estar con él. No, porque ese chico no era lo que
ella había creído que era. Era algo secreto, tenía una identidad
que no le quería confiar del todo. Además, los demonios no
existían, no podían existir. Y, sin embargo, ellos les habían
dicho que se dedicaban a cazarlos. ¿Y si aquellos a los que había
llamado ídolos no eran más que personas con problemas mentales? ¿O
se trataba, simplemente, de un sueño absurdo?
Blanca se llevó la mano
a la pierna, y sus dedos pellizcaron la piel. Una punzada de dolor le
recorrió el resto de su superficie corporal, pero nada más. Alzó
una mano, con la intención de abofetear sus propias mejillas, pero
una mano la detuvo, cuando su palma estaba a un par de centímetros
de su mejilla derecha.
Tomó aire, tratando de
retener las lágrimas, y alzó la cabeza, a la vez que murmuraba:
-¿Por qué...? Liam,
¿por qué?
La última palabra acabó
en un sollozo contenido, y las lagrimas se liberaron, cayendo por su
piel, como gotas de rocío.
Él negó con la cabeza.
Tras un instante de vacilación, atrajo la cabeza de Blanca hacia sí
mismo, apoyando su frente en su pecho, acariciando con los dedos los
mechones que las lágrimas habían humedecido.
Blanca trató de pegarse
más al cuerpo de Liam, escuchando los latidos del corazón de él.
Creía que los oiría
regulares, tranquilos, impasibles.
Pero iban rápido, como
si todo su ser estuviera confuso. Tan confuso como ella.
Negó con la cabeza, y
cerró los ojos, con las lágrimas aún saliendo de ellos.
Minutos más tarde,
cuando la chica ya se había calmado un tanto, volvió a preguntar:
-¿Por qué?
-Por qué, ¿qué?- preguntó él a su vez.
-Por qué, ¿qué?- preguntó él a su vez.
Blanca apretó los
dientes contra la lengua, hasta sentir el sabor salobre de la sangre
en la boca.
-¿Por qué... no
sois...?
-¿Eso es una pregunta a la que debería ser capaz de responder?- repuso Liam.
-¿Eso es una pregunta a la que debería ser capaz de responder?- repuso Liam.
-No lo sé.
-Yo tampoco sé...
-¿No sabes qué?-
inquirió Blanca, apartándose un poco de él, aunque sin mirarlo a
los ojos; no quería volver a llorar.
-No sé si debería
contarte todo de una vez. O tal vez deberíamos alejarnos de
nosotros, haceros olvidar lo que...
-Liam- repuso ella,
seria-. Ya lo vimos. Vimos a esos... bichos. Y oí que Harry dijo que
ya habíais probado a hacernos olvidar lo vivido. Pero no funcionó.
-No funcionó- Liam
parecía agotado de pronto.
-¿Por qué?
-Blanca, oíste lo que es
un Combo, ¿verdad?
-Bueno- dudó, y luego
añadió-: algo que hacéis para...
-Un combo- respondió él,
tomando aire lentamente-. Es una... digamos una acción que
realizamos. Cada Combo produce un efecto distinto. El de Amnesia...
debería hacer olvidar las vivencias de alguien. Aunque no todas;
sólo las que el que aplica el Combo quiere hacer que olvide.
-Pero yo no olvidé nada.
-Funciona con las
personas que no son parte de nuestra comunidad. La gente que no tiene
sangre... especial, como yo, o cualquiera de los otros. Con esos no
hace efecto. Afecta sólo a los Infirmors.
-Infirmors- repitió
ella.
Liam asintió, pesaroso.
-Entonces, Clara y yo no
somos Infirmors. ¿Qué somos?
-No podéis ser
Bellators. No podéis...
-¿Por qué no, Liam?-
cortó ella, con voz más seca de lo que pretendía.
-No... no quiero.
-¡No quieres!- bufó la
chica, sacudiendo la cabeza-. Liam, si somos algo...
-No quiero, porque es
algo serio. Los que somos así, especiales, vivimos en un mundo
diferente, peligroso. Y no quiero poneros en peligro. No puedo
permitirlo. Ya hemos destrozado vuestro día...
-Pero, ¿qué piensas
hacer? Los recuerdos están en mi mente, a buen recaudo. No podéis
borrarlos. Sí somos algo, entonces los somos. Y no se puede cambiar.
¿O piensas hacer una transacción de sangre?- intentó darle
sarcasmo a sus últimas palabras, pero no fue capaz. Cruzó los
brazos ante el pecho.
-Lo sé. Pero no me
parece justo.
-¿Justo? ¿En qué
sentido?
-No es justo para
vosotras, Blanca. No queréis...
-¿Quién dice que no
queremos? No lo sabes. Si soy algo, pues lo seré. No puedes
impedirlo. Somos de vuestra comunidad, y entraremos en ella.
Dio media vuelta,
alejándose por el pasillo a paso irregular.
Liam se quedó mirando su
figura hasta que ésta desapareció en una esquina. Suspiró.
-Es verdad- murmuró para
sí mismo-. Se lo diré al resto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario